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Una propuesta de intervención Psicodramática en las masculinidades

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Miguel David Guevara Espinar: Doctor en Psicología ,Psicólogo Generalista Sanitario, miembro de la AEP con grado de Supervisor-docente, miembro fundador del Instituto Psicoanalítico de Salamanca (IPSI), Sexólogo, miembro del Centro de Estudios de la Mujer de la Universidad de Salamanca. Coordinador del Centro de Psicología Clínica, Terapia de Grupo y Psicodrama de Salamanca.

Miguel David Guevara Espinar, doctor en Psicología, Psicodramatista Supervisor de la AEP.

El presente artículo es un resumen del trabajo de investigación realizando por el autor sobre el tema enunciado, la brevedad del mismo supone un esfuerzo de síntesis que conlleva una insalvable pérdida de exhaustividad.

 

A la hora de realizar esta tentativa de intervención sobre las llamadas “nuevas masculinidades” nos hemos basados en las aportaciones de los Men´s Studies que se iniciaron en los años 80 en los países anglosajones, fundamentalmente Estados Unidos e Inglaterra, con autores como Stoller, Gilmore o Connell.

Las principales aportaciones que generaron este tipo de estudios fueron:

● La distinción entre sexo y género: entendiendo el sexo como entidad biológica y el género como entidad cultural.

● La comprobación de que en determinadas sociedades de que la masculinidad era definida por oposición a la feminidad, en detrimento de esta última.

● La verificación, gracias a la antropología comparada, de la existencia de una vasta variedad de masculinidades.

● La identificación de una estructura jerárquica basada en valores y actitudes de las masculinidades.

Entre las clasificaciones de las masculinidades destacamos la de Connell, citada por Sanfélix (2012) que describe cuatro tipos:

1. Hegemónicas: varones heterosexuales que monopolizan el poder, el prestigio y la autoridad.

2. Subordinadas: aquellas que son divergentes de las el hegemónicas.

3. Cómplices: masculinidades no hegemónicas que se benefician de las ventajas del patriarcado.

4. Marginadas: grupos minoritarios y de exclusión.

Otros autores, como Gil Calvo (2006) proponen un modelo dinámico que permite una aproximación más psicológica a la cuestión. Este sociólogo basándose en el esquema económico de Lévy- Strauss (crudo, cocido, podrido) propone una tipología que se compone de tres categorías: héroes, patriarcas y monstruos.

Los Héroes: serían los hombres de acción que se someten a las pruebas que les imponen su comunidad cultural de pertenencia. Su estrategia para afrontar la frustración es la “salida” descrita por Hirschmann (1977) como el abandono de las relaciones que le resultan disfuncionales. En su polo moralmente positivo se representan por fi guras como los paladines, mártires y salvadores, en su polo negativo: mercenarios, villanos y esquiroles.

Los Patriarcas: serían los héroes que triunfan en las pruebas a las que les somete su comunidad cultural, representan el poder y gozan de estatus de autoridad en la sociedad. Corresponden con la masculinidad hegemónica. Su estrategia de afrontamiento de la frustración es la lealtad a los valores sociales establecidos (familia, estado…) en el polo positivo se representan por los padres o las buenas autoridades, en el negativo por fi guras como el capo, el padrino, el político corrupto.

Los Monstruos: son aquellos que o bien no afrontaron las pruebas propuestas como héroes o bien no las cumplimentaron adecuadamente. En una sociedad tradicional la homosexualidad puede ser vista como un fracaso en este proceso, las masculinidades marginales entrarían dentro de esta categoría. Su estrategia de afrontamiento de la frustración es la “voz” entendida como la capacidad de protestar y de trasgredirlas las normas, en su polo positivo encontramos las figuras de los genios, de los creadores y los revolucionarios, en el negativo, el del asesino o el sociópata.

Cada una de estas categorías se corresponde y relaciona con las correspondientes categorías femeninas, de manera esquemática presentamos el siguiente cuadro:

En nuestra concepción de la masculinidad consideramos que es preciso la integración de todos estos elementos, así como los vínculos que se establecen entre ellos. Este proceso, crítico por naturaleza, servirá como revisión de las estructuras de poder preestablecidas entre géneros y de las actitudes que las mantienen como el machismo.

Cada hombre deberá afrontar el camino de la individualización resolviendo los diferentes complejos de los que nos habla Claude Crépault (1991) Complejo Fusional y Complejo Nuclear de Género. La agresividad fálica y una adecuada relación de apego serán esenciales para instalar una adecuada dinámica de contradidentificación e identificación con las figuras parentales.

Para ello contará con la capacidad para experimentar los diferentes roles de héroe, patriarca y monstruo, aunque para que el proceso sea completo consideramos a diferencia de Gil Calvo que deberá además integrar los correspondientes femeninos y el vínculo que se establece entre ellos: virgen/amazona, matriarca y puta. Más allá de estos roles son las habilidades y capacidades las que favorecerán la adecuada individuación tanto identitaria como de género.

A modo de resumen ilustramos este proceso con el siguiente gráfico:

Basándonos en él proponemos una intervención Psicodramática que permite explorar cada uno de las etapas de este proceso de individualización masculina, ayuda a detectar posible bloqueos en su desarrollo y facilita la revisión crítica de actitudes de género.

Con un formato de taller consta de cuatro pasos:

1. Historias de héroes, monstruos y patriarcas: donde se explora la dinámica que cada participante a seguido en su integración de estos roles a través de escenas y de fi guras y roles arquetípicas y de su vinculación con sus correspondientes femeninos.

2. Identificación de las diferentes estructuras de poder que han influido en la génesis de cada una de las escenas relevantes para cada sujeto.

3. Localizar las escenas que han cumplido una función de integración, tanto ínter como intragéneros.

4. Jugar las escenas Psicodramáticamente, fomentando el cambio de roles para que obtener una nueva perspectiva desde la cual poder hacer una reconstrucción del proceso, si fuera preciso.

5. Eco Grupal.

El trabajo que plantemos por sus objetivos se define como intervención psicoeducativa y como tal tiene un formato de talleres enlazados con un número variable entre 10 y 20 con seguimiento, su encuadre es cerrado y está asentado en la ideología de género.

Aunque el foco del trabajo está centrado en el proceso individuación masculino, la participación al mismo está abierto tanto a mujeres como hombres, precisamente por nuestra concepción cultural del género y por valorar la riqueza de la heterogeneidad en la sesión Psicodramática.

Al no tener un fin clínico recomendamos que se cuide mucho el encuadre tanto al presentar el trabajo como al implementar las diferentes dinámicas y técnicas.

 

Breve Bibliografía:

● Connell, R. (2001). Masculinities.
Cambridge, Polity Press.
● Gil Calvo, E. (1997). El nuevo sexo débil. Los dilemas del varón posmoderno.
● Gil Calvo, E. (2006). Máscaras masculinas: héroes, patriarcas y monstruos (Vol. 344). Anagrama.
● Gilmore, David (1994). Hacerse hombre: Concepciones culturales de la masculinidad.Barcelona, Paidós.
● Sanfélix Albeda, J. (2012). Las nuevas masculinidades. Los hombres frente al cambioen las mujeres. Prisma
Social 7, p. 220-247.
● Segarra, Marta y Carabí, Àngels (eds.) (2000). Nuevas masculinidades. Barcelona, Icaria Editorial.

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