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La transformación a través del Psicodrama Simbólico

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Irene Henche Zabala

Psicóloga Clínica y Educativa. Psicoterapeuta. Psicodramatista. Supervisora Docente. Directora de la Escuela de Psicodrama Simbólico.

escuelapsicodramasimbolico@gmail.com

LA TRANSFORMACIÓN A TRAVÉS DEL PSICODRAMA SIMBÓLICO.
Henche Zabala, I.
Fecha de recepción: 10/07/2019.
Fecha de aprobación: 18/09/2019.
LA HOJA DE PSICODRAMA Nº 69 (20-29)

RESUMEN

Este artículo hace un recorrido por los Doce cuentos estudiados por el Psicodrama Simbólico Junguiano, enfocándolos desde la perspectiva de la transformación. Así como la vida de toda persona se desarrolla a través de las sucesivas etapas del ciclo vital, y en ella tienen lugar diversas transformaciones evolutivas; en cada uno de los doce cuentos podemos destacar las escenas en las que se producen las transformaciones más potentes. Además de los cambios evolutivos, la persona desarrolla un guion existencial. A través del Psicodrama Simbólico se puede posibilitar el descubrimiento de sus profundas narrativas. Los cuentos de hadas hablan siempre de una transformación, que tiene lugar a través de un recorrido de obstáculos y pruebas de gran dificultad, y es mediante la alquimia psicodramática simbólica de las escenas prototípicamente transformadoras como se puede ayudar de una manera más directa a las transformaciones liberadoras y rematrizadoras, para crear la propia historia de vida de una manera más acorde con el verdadero deseo y el proyecto de vida genuino.

ABSTRACT

This article makes a path through the Twelve Fairy Tales studied by Jungian Symbolic Psychodrama focussing specifically from the perspective of the transformation. As well as every person’s life has different and sequential stages of the life cycle, and throughout there are diverse evolutionary changes, in each of the twelve fairy tales, we can highlight the scenes in which the more meaningful transformations take place. In addition of the evolutionary changes, the human being develops an existential script. Through Symbolic Psychodrama, we can enable the discovery of their deep narratives. Fairy tales always speak about a transformation, that occurs throughout a route plenty of obstacles and challenges, and it is by means the symbolic psychodramatic alchemy of the archetypal scenes of transformation, the way in which we can help in a more direct way to liberating and reconstructive transformations, to create one’s life story in a more harmonious way with our true desire and our genuine Project of life

1. INTRODUCCIÓN

Sabemos que, aunque el desarrollo evolutivo hasta la finalización de la adolescencia representa el paradigma del cambio y la transformación, el ser humano está realizando nuevas adquisiciones durante todo su ciclo vital y posee el potencial de generar transformaciones curativas y creadoras.

El ciclo vital humano es un proceso de cambio a lo largo de todo su recorrido. Existen cambios en los momentos de paso de una etapa a otra, así como también hay otros cambios relacionados con el proyecto o guión de vida.

El Método de Psicodrama Simbólico posibilita una transformación a través de los símbolos de los cuentos y de los sueños. En este artículo veremos un recorrido a través de las escenas prototípicamente transformadoras de los doce cuentos. El paradigma del Psicodrama Simbólico inicia un trabajo grupal de evolución personal a través del viaje de inmersión en estos doce cuentos. En ellos se posibilita una toma de contacto vivencial en el como si, con los cambios propios de las diferentes etapas del ciclo vital, lo que nos permite reconstruir y rematrizar una serie de experiencias y de escenas internas, aprendiendo del pasado.

Así mismo, se facilita la toma de contacto con nuestro potencial de espontaneidad y creatividad para las buenas transformaciones que pueden ser generadas en todas las etapas del ciclo vital, convirtiéndonos así en verdaderos protagonistas de nuestro guión de vida.

2. La inmersión simbólica en los Doce Cuentos:

Entendemos que el proceso de inmersión simbólica, de manera secuenciada, en estos doce cuentos es de por sí transformador, y permite una reconstrucción de la familia interna de cada persona. En este trabajo, miraremos esta evolución, desde el punto de vista de la transformación.

En el trabajo que se realiza mediante el Método de Psicodrama Simbólico, se parte de una versión arquetípica y de calidad simbólica de cada cuento, y se inicia el trabajo psicodramático en la etapa de inmersión (1). Entendemos que cada cuento posee infinitud de matices y de perspectivas, que cada participante puede seleccionar para representar de la manera más auténtica posible su proceso de transformación. En este sentido, todas las escenas seleccionadas de los cuentos tienen un potencial de transformación. En este artículo, sin embargo, vamos a centrarnos en aquellas secuencias de cada cuento prototípicamente transformadoras.

Recordemos que todo cuento de hadas contiene, en su esencia, un proceso en el que se va a producir un cambio. La lengua de los símbolos en la que hablan los cuentos de hadas, nos transmite que este cambio, propio de una etapa de la vida, o de un nivel de mayor evolución en nuestro proceso de individuación, será precedido de grandes dificultades y retos, de peligros y momentos de oscuridad. Esta misma lengua nos muestra que, siguiendo un camino en el que el yo actúa según el modelo del sí mismo, (2) -lo cual implica una búsqueda que contemple la totalidad de nuestra persona-, llegaremos al buen cambio, a la buena transformación, esto es, a la evolución cualitativa y deseada.

Veamos a continuación las escenas prototípicas de transformación, siguiendo los Doce Cuentos:

 

I. En Los Siete Cabritillos y el Lobo existen dos momentos importantes y vinculados entre sí, que son:

  • La estancia dentro del reloj
  • La estancia dentro de la tripa del lobo

El Cabritillo pequeño que es el héroe paradigmático de este cuento (3), se salva de ser comido por el lobo, escondiéndose en el reloj. Este cabritillo pequeño parece esconderse en el lugar más seguro de todos, en el que el lobo no puede encontrarle. Curiosamente, este lugar es un reloj, lo que completa otro de los aspectos que nos aporta este personaje, el de una primera conciencia del tiempo, así como la aceptación del paso del mismo. O también nos dice que el reloj de la evolución se ha puesto en marcha y es imparable. Este cuento y su personaje central nos marcan la primera expresión individual, el inicio de la puesta en escena de eso que después vamos a llamar guión existencial.

Esconderse en el reloj le salva de ser comido por el lobo y deja también a salvo el único eslabón de la cadena de siete que puede hacer de puente junto con la madre para recuperar a los otros seis, perdidos temporalmente.

Ello nos lleva a la escena de transformación prototípica que se expresa mediante uno de los símbolos universales que se repiten en los cuentos de hadas, el de ser comido por un animal parahumano, en este caso el lobo, permaneciendo un tiempo en su interior, para volver a salir finalmente al exterior. Este gran símbolo está conectado con los rituales iniciáticos primitivos, y sabemos que los cuentos incorporan estructuras antiquísimas de estos rituales. Dichas estructuras están relacionadas con la iniciación y tienen una vinculación muy directa con la muerte considerada como un viaje, viaje en el que el iniciando muere de una manera simbólica, para resucitar tras el proceso iniciático. Muere el niño y resucita convertido en un adulto, como si se tratara de un segundo nacimiento (4).

Según Vladimir Propp, estos rituales tenían lugar en el bosque, en una cabaña con forma de animal fabuloso, cuya puerta representaba las fauces del animal, que engullía al púber, y tras un tiempo lo expulsaba y lo devolvía a la luz, ya convertido en un adulto con las características y aprendizajes adecuados para su nueva vida.

Y como Mircea Elíade añade, el cuento de hadas repite, en otro plano y con otros medios, el escenario iniciático ejemplar. El cuento prolonga la iniciación al nivel de lo imaginario. Por tanto, lo que llamamos iniciación coexiste con la condición humana, toda existencia está constituida por una serie de muertes y resurrecciones.

 

II. En Caperucita Roja volvemos a encontrarnos el mismo símbolo de ser comida por el lobo, que en este cuento posee su significación con una fuerza mayor que en el anterior, pues la Caperucita que sale de la tripa del lobo no es la misma Caperucita que fue comida, sino que se ha producido una profunda transformación, en la que se incorpora la sombra como aspecto de lo oculto y también como contenido lleno de fuerza y de belleza, tal y como le muestra el lobo en su viaje a Caperucita. Es destacable que, en el encuentro con el Lobo, en su travesía por el bosque, este consigue que Caperucita tome el camino más largo a casa de la abuelita, pero en este camino Caperucita descubre bellezas del bosque que no le habían sido reveladas anteriormente, por lo que podemos entender que el Lobo no sólo introduce un aspecto amenazante y negativo, sino también una dimensión nueva, de mayor profundidad y contacto con lo inconsciente, representado por el símbolo del bosque.

 

III. En Los Tres Cerditos, la transformación está en la construcción de la propia casa, a través de un proceso de mejora, representado por la evolución de las casas, desde el cerdito más pequeño hasta el cerdito mayor. La construcción de la casa de ladrillo sólida y fuerte es la escena de mayor intensidad en este proceso. Observemos que en este cuento la transformación va ligada al esfuerzo, al trabajo y a la constancia.

 

IV. En La Casita de Chocolate, asistimos al cambio en forma de la bruja quemándose en el fuego. El fuego es un símbolo muy potente de transformación y como nos dice Marie Louise Von Franz, no es posible un verdadero cambio sin pasar por el fuego de las emociones. Otro símbolo alquímico universal es el del lagarto que pasa por el fuego, resiste y no se quema. No es el caso de la bruja, que es el aspecto de la sombra que sí debe ser destruido, pero del que, de todos modos, se pueden extraer tesoros, como ocurre en el cuento cuando Gretel y Hänsel encuentran, antes de salir de la casa de la bruja, los tesoros que esta había escondido dentro.

En este cuento asistimos también a otro de los grandes símbolos esenciales de transformación: cruzar el río. Antes de volver a casa, Hänsel y Gretel siguiendo su camino por el bosque, se encuentran con un río que no pueden atravesar solos. Allí hay un pato que les ayudará a cruzar, primero a uno y después al otro. Este símbolo, recogido en las mitologías, y especialmente en la mitología griega, como la travesía por la laguna Estigia, nos habla de uno de los dos cambios más grandes dentro de la vida humana, en este caso, la muerte. Cruzar el río es el paradigma de cambio, pues representa una transformación total, y puede ser también la expresión de profunda transformación dentro de la propia vida, o en el sentido al que alude Mircea Elíade, la expresión de una muerte y una resurrección. Eso es lo que parece suceder en este cuento, un momento de profundo cambio en esta pareja de hermanos, niña y niño, que ya están iniciando el camino de conjunción de opuestos propio de toda la vida humana. Es muy destacable que sólo se puede cruzar el río de uno en uno, lo que nos habla del proceso de individuación.

 

V. En Pulgarcito, las escenas de mayor cambio, son el momento en el que este personaje, el héroe simbólico de este cuento, puede vislumbrar una luz en un camino de total oscuridad y calamidades. Ello es posible por su valentía para encaramarse a un árbol muy alto, el más alto del bosque. Desde allí descubre una tenue luz que guiará su camino y el de sus hermanos a partir de ese momento.

El otro momento de cambio está recogido en la secuencia en la que Pulgarcito puede tomar las botas de siete leguas del ogro, calzárselas él mismo y viajar con ellas de manera veloz y mágica por cualquier camino, por valles, ríos y montañas, lo que hace alusión a la capacidad adquirida de la conciencia, de la representación. Ese es precisamente el logro de las palabras, de la simbolización, de la luz.

 

VI. En La Reina de las Abejas nos encontramos por primera vez en esta serie de Doce Cuentos con el tema de todo un reino convertido en estatuas, dormido por un hechizo, para romper el cual es necesario resolver tres pruebas. Este símbolo de estar convertidos en estatuas, que también va a aparecer de otra forma en cuentos posteriores de la serie de los Doce, alude a un aspecto muy poderoso que pone en peligro el verdadero guión de vida, condenándolo a la desvitalización y, en realidad, a una especie de muerte en vida, si no se es capaz de enfrentar el legado negativo que esconde, desactivarlo, y permitir, por tanto, que se abra paso y aflore el auténtico deseo, la misión profunda de este guión de vida. Encontramos en el cuento ese falso legado, que siempre lleva unida una profecía, que aparece incluso en el propio nombre del héroe simbólico de este cuento:

Bobillo (en algunas versiones traducido por Bobalicón). Bobillo en un principio no cuenta con la confianza de su padre. Su mismo nombre parece una profecía con respecto a su destino de vida. Sin embargo, nuestro héroe empieza manifestando desde el primer momento la cualidad de la constancia y la tenacidad, y se opone a los designios y puntos de vista de su padre y sus hermanos.

Además, Bobillo se caracteriza por su capacidad de iniciativa para emprender el camino, aún no sabiendo muy bien a dónde le lleva. En el transcurso de este camino, encontrará a las fuerzas vivas de la naturaleza, por las que muestra un gran respeto y aprecio, protegiéndolas del daño o destrucción que desean llevar a cabo sus hermanos contra ellas. Hormigas, patos y abejas integran los elementos fundamentales: tierra, agua y aire, mostrando una síntesis de capacidades. Es como si Bobillo quisiera rescatar, salvando a esos animales, aspectos internos fundamentales en el desarrollo humano y que no se reducen a ser muy inteligente o muy guapo o muy simpático, cualidades desde luego muy valiosas para triunfar, pero con las que sus hermanos quedaron estancados, al no estar acompañadas de otras, como la compasión, la unión con la naturaleza o la humildad.

Cuando los tres hermanos llegan al palacio en el que todos están convertidos en piedra, de nuevo estamos viendo las consecuencias de un yo desconectado de las fuerzas profundas de la psique y del inconsciente, es decir, un yo petrificado, desvitalizado, como una estatua. Los dos hermanos mayores actúan en todo momento con un yo desvinculado del eros y del sí mismo. De esa manera, aunque su creencia es la de que van a poder resolver las pruebas, ambos fallan y quedan también convertidos en estatuas.

Cuando le llega el turno a Bobillo y se pone a la tarea de resolver la primera prueba, la de encontrar las mil perlas diseminadas y ocultas en el musgo del bosque, se da cuenta de la imposibilidad de realizar solo la tarea y se sienta en una roca a llorar.

Esto nos habla de la capacidad de tolerar el hecho de que no podemos resolver las pruebas nosotros solos, esto es, que no podemos realizar nuestro guion existencial únicamente con nuestra parte consciente. De esta manera, aceptamos nuestra impotencia, y así podemos permitir que otras dimensiones de naturaleza inconsciente se activen.

Observamos ya desde el comienzo de este cuento la ausencia de la reina, pues nos habla de un rey que tenía tres hijos varones. Ya Marie Louise von Franz analiza esta característica en otro cuento que guarda bastante semejanza con éste, Las Tres Plumas. Ella lo interpreta como la ausencia del elemento femenino, y por lo tanto, la carencia de las capacidades que estarían ligadas al mismo, capacidades como el eros, la intuición, la conexión con la tierra y sus profundidades.

Bobillo nos vuelve a poner en contacto con ellos y nos transmite que sólo integrando estos elementos en la conquista crucial de la conciencia (de la que nos habla el cuento de Pulgarcito, es decir sólo desde un modelo de yo que funciona de acuerdo con el sí mismo, tomando palabras de esta autora, es posible un verdadero proceso de individuación.

 

VII. El Patito Feo es un cuento prototípico de transformación. Este patito tan feo, tan diferente, que desde el inicio es un cisne, sin ser consciente de ello, debe realizar un verdadero camino iniciático, y atravesar una larga noche del alma, y un desierto de soledad, para simplemente convertirse en sí mismo y darse cuenta de ello. Como nos dice el propio Andersen, para poder crecer según su verdadera naturaleza, mirarse en el espejo genuino de la propia autoimagen, donde puede verse a sí mismo como alguien bello pero nunca orgulloso.

La imagen que nos evoca este momento de transformación es tan elocuente que permite conectar con profundos deseos de cambio y de encuentro con uno mismo.

 

VIII. En el cuento de Pinocho, asistimos a una de las transformaciones más profundas posibles. El muñeco de madera inerte, creado con tanto amor y tanto arte, se convierte, por obra del deseo más hondo de su creador, en un niño vivo, un niño de madera, pero vivo. Para ello cuenta con la ayuda de fuerzas sobrenaturales, representadas por el Hada

Estamos ante una transformación sobrecogedora, que sin embargo no se queda ahí, sino que, después de una travesía, de otro viaje iniciático, que resulta ser un camino de encuentros y peligros, el niño de madera muere. Pero ésta muerte no es sino una transformación, porque el niño de madera se convierte en un niño de carne y hueso.

 

IX. En Cenicienta, nos encontramos con dos importantes significados, relacionados con este gran tema de la transformación que nos ocupa.

Uno de ellos se refiere a la magia que poseen los propios elementos de la vida cotidiana, que pueden convertirse en verdaderos vehículos para llevarnos hacia el deseo profundo de nuestro corazón. Es muy interesante este aspecto que nos muestra un proceso en el que todo lo que forma parte de nuestra vida se pone de nuestro lado para ayudarnos a tener éxito en nuestra decisión de vencer los obstáculos que nos mantienen en la sombra, encerrados en el guión de nuestra familia de origen, postergados. Se trata de vencer un mandato o un legado sacrificial y negativo que nos imposibilita. Y ello es así porque se ha abierto paso una fuerza, un nuevo guión, un destino elegido, en el que vamos a ser protagonistas. Destaquemos cómo estos elementos cotidianos se vuelven vehículos, y nunca mejor dicho, hacia nuestro deseo, y cómo eso es así por un tiempo determinado. Al sonar la última campanada de las doce, todo vuelve a ser cotidiano, excepto uno de los zapatitos del par que guardará Cenicienta, sin la conciencia clara de que este le permitirá encontrar un día el otro par perdido.

El otro gran significado se muestra en el momento en que los dos zapatos se unen lo que es ya una profunda transformación, la unión de los dos zapatitos que casan, la conjunción en la propia persona, en este caso en Cenicienta, que antecede o es simultánea a la conjunción y comunión con la otra persona, el Príncipe, el elemento masculino. Aparece aquí el emparejamiento, un tema que tendrá un protagonismo mucho mayor en La Bella Durmiente, Blancanieves y La Bella y la Bestia. Ahora está solo, pero ya hace referencia a la posibilidad de vinculación significativa, fuera del universo de la familia de origen. Como dice Erich Fromm, el ser humano es un ser unido a algo o a alguien, y sólo de esta manera es capaz de realizar su verdadera dimensión humana.
La boda es un símbolo constante en los cuentos de hadas. El encuentro y la unión entre el príncipe y la princesa, la Bella y la Bestia, etc., nos habla en clave simbólica del cambio de nivel que implica esta nueva integración con lo diferente, lo opuesto, lo complementario. Nos habla también de la trascendencia de esta integración para un buen guión de vida, en el que se haya podido salir del estrecho recinto del yo para abrirse al otro, a la empatía, al amor, a la creación.

 

X. La Bella Durmiente es un cuento esencial, el cuento de los cuentos. Aprovecho este breve artículo para aportar el brillo genuino, la luz auténtica que irradia este cuento desde tiempos inmemoriales, y rescatarlo de propuestas ignorantes que pretenden secuestrarlo y borrarlo del legado de nuestro acerbo cultural más valioso y profundo. Estas propuestas aconsejan no contar este cuento, basándose en argumentos totalmente desvirtuados, según los cuales se debe evitar que se reproduzcan modelos machistas: la mujer es pasiva y necesita ser rescatada por un hombre (5). Afirmamos que es esencial contar y proteger este cuento y empezamos por decir que es fundamental restituir la versión de los Hermanos Grimm, que es una de las más auténticas y conmovedoras. Volvemos a recordar, que los símbolos de los cuentos de hadas no pueden, en ningún caso, ser interpretados de manera realista y que no proponen modelos de conducta explícitos.

Veamos ahora algunos de estos símbolos de transformación, que en este cuento paradigmático, esta pequeña joya inmensa, nos otorga.

Una rana profetiza a la Reina que antes de un año será madre. (El embarazo)

Nacerá una niña justamente antes de un año (El alumbramiento, el nacimiento). Se trata de una de las transformaciones más profundas, el paso de no ser a ser, el paso a la vida.

En la celebración de este nacimiento, cada hada otorgará su don y cada don posibilita una transformación en el futuro guión de vida. En último término, estos dones son las sucesivas transformaciones, muertes y resurrecciones que toda persona atraviesa en una vida en la que se elige el proceso de individuación. Son doce hadas y sabemos que el doce es un número de totalidad, que nos habla de un ciclo completo, en este caso el de la vida humana. El día tiene dos mitades de doce horas cada una. En este cuento estamos asistiendo al desarrollo de las doce primeras horas, es decir a la primera individuación (6).

Desde la perspectiva de la vida, el hada número 13 está fuera de esa totalidad, porque representa la muerte. Sin embargo, notemos que, en realidad, su don es justo el número 12 y se refiere la propia muerte. Al profetizar la muerte a los quince años, nos está hablando de una transformación paradigmática en la vida individual, de la adolescencia, del cambio de la infancia a la vida adulta. Y notemos también que el Hada 12, que no había podido otorgar su don, lo une al otorgado por el Hada 13, dulcificándolo y atenuándolo, o más bien posponiéndolo. La niña no morirá a los quince años, sino que caerá en un sueño profundo de cien años, del que la despertará un beso de amor verdadero. En este don número doce se encuentra la conexión con otra dimensión, la del sueño y lo inconsciente. Aparece también otra concepción de la muerte, como parte de la propia vida. Caer en estado de sueño es una transformación de nuestro estado de conciencia que necesitamos todos los días para nuestro equilibrio y armonía. Despertar es un cambio verdaderamente poderoso, si, como en este caso, estamos asistiendo a un despertar profundo, total, que integra la dimensión del sueño, y que se produce por la conjunción de opuestos en nuestro interior, la conjunción entre lo femenino y lo masculino, representada por el beso del despertar entre el Príncipe y la Bella Durmiente.

 

XI. En Blancanieves, volvemos a encontrarnos con el símbolo del sueño, en este caso, una muerte dormida. Un estado difícil que podría sumergir a su protagonista para siempre en la sombra, en la imposibilidad de cumplir su verdadero proyecto de vida. Por fin pudo cumplir su mandato el trozo de manzana envenenada de la madrastra, el mandato de impedir a Blancanieves crecer, ser mujer, ser ella misma. Por eso, cae muerta en la casa de los enanitos, donde queda en una urna bellísima, maravillosa, con peligro de quedarse en ella para siempre, aunque no esté realmente muerta, pues permanece incorruptible, y sus mejillas siguen estando coloreadas. Pero queda inconsciente, paralizada, de nuevo prisionera de un encantamiento, un hechizo.

El príncipe peregrino encuentra en ella lo que estaba buscando, aunque está muerta. No se sabe qué voz le da el mensaje de llevársela a su reino, una voz muy profunda que tal vez anunciaba un milagro, a pesar de lo incierto de este encuentro con una muerta dormida. Sin embargo, algo del inconsciente nos lleva a mantenernos en un proyecto aunque todo parezca indicar que, según nuestro análisis consciente, es imposible. Los pajes del príncipe cargan la urna de cristal en la que yace Blancanieves, tropiezan y gracias a ello, ésta escupe el trozo de manzana envenenada y vuelve a la vida, a una vida más plena, porque ha podido librarse de la herencia negativa y envenenada de la madrastra, la herencia, como diría Jung, de una madre negativa. Y no, en este cuento Blancanieves no despierta por ningún beso.

 

XII. Finalmente llegamos a La Bella y la Bestia, cuento que nos habla de los dos tipos de transformaciones, las buenas y las malas. No se trata aquí de caer en el maniqueísmo, ya que entendemos que también las malas transformaciones pueden ayudarnos a vislumbrar la reconstrucción. Sin embargo, es necesario desmitificar un poco la idea de la propia transformación. La vida del ser humano es un proceso de continuo cambio. Estancarse en una determinada etapa o quedar atrapados por determinados obstáculos que impidan nuestro verdadero proyecto de vida es, sin duda, una equivocación. Pero buscar cambios a ultranza es huir de determinadas escenas que nos encontramos una y otra vez. Determinadas dificultades y sufrimientos sólo pueden ser afrontados si aceptamos permanecer en esa situación sin buscar la solución mágica de una aparente transformación. Buscar cambios constantes, muchas veces a costa de elementos artificiales y ajenos, como por ejemplo las drogas, es también una manera de no realizar nuestro guión auténtico.

Así, en la Bestia estamos viendo un primer cambio muy duro, de una persona joven, bella, agraciada por la vida en muchos sentidos, en una terrible Bestia. El cuento que atribuye esta transformación a un hechizo por la falta de compasión y empatía del príncipe ante una persona anciana y desgraciada, nos está enseñando que no bastan todas las cualidades del mundo, si no hay trabajo personal, voluntad de mejora ni empatía.

Todo el cuento nos relata un proceso dificilísimo, porque la Bestia no puede escapar de la monstruosidad que está en su propia imagen: uno no puede escapar de sí mismo. Para volver a convertirse en un ser humano, la Bestia va detrás de su ideal, su ideal de ser amado, ser mirado con ojos amorosos. Pero, ¿quién podría enamorarse de una Bestia?

El hechizo se rompe en la propia Bestia cuando se produce un cambio interior de la mayor magnitud posible, el cambio de amar, porque en realidad, para amar es necesario amarse a uno mismo. Esta experiencia profunda tiene lugar en el proceso de búsqueda de la Bestia, y entonces ya no importa morir ni mantenerse en la forma de Bestia. La Bestia ha podido amar desde lo bueno, pero también desde la parte oculta y valiosa, desde ese tesoro de lo no bello que hay en ella, que hay en todos nosotros, la sombra. La Bestia nos muestra esta integración profunda de la sombra personal y, por tanto, un nivel superior de evolución.

Es entonces cuando tiene lugar la experiencia de ser amado tal y como se es (en el cuento la Bella dirá que le ama, aunque sea una Bestia) y puede producirse la transformación en un ser humano completo.

Como diría Jung, prefiero un hombre completo a un hombre bueno. Este hombre completo hace alusión a la integración de los elementos rescatables y valiosos de la sombra personal.

(1) Irene Henche. Educar en valores a través de los cuentos, libro citado en la bibliografía.
(2) Marie Louise von Franz, Érase una vez, libro citado en la bibliografía
(3) Irene Henche El viaje del héroe a través de los doce cuentos
(4) Esta temática aparece claramente en el sueños de cien años de la bella Durmiente.
(5) Véase Juan Madrid e Irene Henche, artículo Nuevos métodos en educación afectivo – sexual: Cuentos e historias. Artículo publicado en la Revista de la Sociedad de Pediatría de Madrid y Castilla La Mancha nº 8. 2009
(6) Ya hablo en el libro Educar en valores a través de los cuentos de una primera y una segunda individuación, conceptos aportados por mí misma, al concepto Junguiano de la individuación.

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